A la hora de abordar un conflicto, existen distintos modelos de mediación, cada uno con herramientas y enfoques propios. El modelo Harvard, desarrollado por Roger Fisher, William Ury y Bruce Patton, propone separar a las personas del problema y analizar de forma estructural los elementos que componen la negociación. Es un enfoque centrado en intereses, criterios objetivos y soluciones pragmáticas.

Por su parte, el modelo circular-narrativo, impulsado por Sara Cobb y ampliamente difundido en el ámbito hispanohablante por Marinés Suárez, se basa en el análisis de las narrativas que las partes han construido sobre el conflicto y las emociones que estas suscitan. Su objetivo es transformar los relatos que sostienen la disputa y abrir espacios para nuevas interpretaciones y posibilidades de relación.

Mientras que en el modelo Harvard el mediador adopta un rol más pragmático y directivo, en el modelo circular-narrativo se prioriza el empoderamiento de las partes y su capacidad para ser autoras de su propio proceso. El mediador se sitúa en un segundo plano, facilitando que sean ellas quienes co-creen el cambio.

Ambos modelos no son excluyentes. Un buen mediador debe tener criterio para identificar qué enfoque se ajusta mejor a cada contexto y a cada conflicto. La combinación flexible de herramientas de ambos modelos enriquece el proceso y permite alcanzar acuerdos más sólidos, satisfactorios y adaptados a las necesidades reales de las partes.

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